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Cogito ergo sum

 Pienso, pienso, sigo pensando, escarbando en los pensamientos y recuerdos que no quiero recordar. Las sábanas me abrazan, el agua intenta limpiar mi alma pero no puede, ¿Cómo va a limpiar veintidós años de dolor, lágrimas, heridas y miedos? El reflejo de mí espejo me miente, aunque yo se profundamente lo rota que estoy internamente. No hay palabras, no hay miradas, no hay estados de salud mental que me hagan parar y poder disfrutar del aquí y ahora. Cuiden sus corazones de un mundo frivolo, sádico y lleno de individuos rotos que solo saben deborar tu inocencia.

Desmoronamiento

 No encuentro las palabras correctas para expresarlo, mí alma se escapa del dolor, mi alma llora, grita, está enfurecida, consumiéndome. ¿Cómo puedo comunicarle de manera sincera que no soy responsable de su corrupción? O tal vez sí lo soy, lo admito, siendo cruel conmigo misma y saboteando mi propia felicidad porque me acostumbré al sabor amargo del sufrimiento. Quizás algún día mi alma empacará sus cosas y se marchará de mí, ese día sentiré la muerte interna en mis labios, pero no le temo, porque hace mucho tiempo que me siento muerta en un cuerpo que siente, evoluciona, crece. Las noches de insomnio llenas de angustia y demonios mentales que asfixian mi conciencia me arrojan a un pozo frío. Nada puede abrazarme, darme calor porque no me siento digna de recibir amor, comprensión, ayuda. Solo encuentro odio, desprecio, rabia, tristeza, y un miedo que me atrapa y no me deja hablar.

Desaprender

 Mí palabra nunca fue escuchada en este lugar. Ms emociones no fueron arropadas sino minimizadas por almas oscuras. Sentada estoy en este mar de dudas, angustias y tristezas pensando cómo solucionar todo esto que llevo dentro. No hay caricia que toque mi alma, no hay pureza que limpie mí aura, no hay palabras para lograr arropar la carga interna que llevo. No hay un lugar seguro para mí corazón, no hay abrazo que consuele todo ese malestar. ¿Cómo desaprendo lo impuesto? ¿Por qué me siento tan abrumada?
 En el alba voy a encontrar la serenidad que busco con frecuencia. En este mundo peligroso mí lugar seguro e íntimo soy yo misma, a veces me preocupa terminar tan ensimismada.  En la lejanía encuentro paz, en la lejanía no hay dolor que corrompa mí débil corazón. Sigo en marcha, sigo dando pasos firmes que me mantienen absorta de esta dolorosa realidad que paraliza mí pecho y me dejá sin respirar.

¿A dónde se fue?

Abrumada en este sentir tan confuso y doliente. Tus ojos me llenaban de preguntas y sensaciones amorosas. Todavía cargo con estás palabras dulces que no te pude decir. Aún recuerdo tus palabras con adulaciones y desconcierto. Aún siento tu mirada tan cargada de llanto y amor mirando otra mirada que estaba llena de dolor y humanidad. Aún recuerdo tu abrazo y tus manos acariciando mi piel haciéndome sentir en un lugar seguro. Y aún sigo recordando tus labios que estaban llenos de amor y cierto entusiasmo.

Vacío

 El vacio duele, el vacio es traidor y violento, el vacio me nubla la mente, la golpea y la corrompe. El vacio tan doliente me miente, me hunde, me hace sentir pequeña, hace que me lastime de las maneras más crueles. El vacio hace que me mire al espejo y sienta un odio desorbitado hacía mi persona, hace que no pueda sostenerme la mirada, me silencia y me humilla. El vacio me encierra, me aleja de la comunicación y cualquier tipo de racionalización. El vacio me hace sentir que no tengo el control, me desestabiliza,  me desarma, me hace sentir desnuda y vulnerable.