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Memoria

El cambio avasalla toda mis ruinas. El miedo florece, perfora mi piel, nacen brotes de angustia palpitantes. Mi alma escapo luego de encontrar una herida putrefacta abierta. Abandono su cuerpo, abandono su voz y se libero de ataduras dolientes. El agua corre, corre como mis emociones cuando me ahogan. La autodestrucción ya no es un camino para nosotras.  El dolor ya no es un camino necesario. La vida sigue siendo igual de salvaje. La conciencia salvo mi cuerpo humano pero mi espíritu está enfurecido. Tiene hambre de conocimiento, justicia y amor. La magia me rodeo,  los espejos me rodearon, me obligaron a ver lo que soy sin disfraz, a tolerar eso que nunca supe apreciar. La soledad se volvió un lugar donde puedo arropar mi mente. El silencio se transformo en sabiduría y paciencia interna. Perdi mi voz, pero la humana florecio. Perdi todo lo que el miedo me quito. Perdi.

Ecos

Observo en el espejo los ecos que hay en mi mirada. Las noches se volvieron silenciosas y cautelosas.  Duermo abrazada a la nostalgia y el amor que tengo en mis manos. La energía densa pretende opacar mí alma,  mi alma juega y vuelve luz esa densidad apagando todo mal. Mi corazón late, late como mi deseo de expansión espiritual. Abro nuevos caminos internos para indagar la profundidad de mi subconsciente. Recorro cada rincón de mi sabiendo que puedo iluminar el lugar más oscuro y opaco de mi.

El río de la desesperación

Aquí yace un silencio que aplasta mi alma y la empuja a un abismo que me devora absorbiendo mi oscuridad. El dolor es un río que fluye sin cesar y yo, una niña que amo sin medir riesgos y vulnerabilidad. Mi corazón late, tiembla y arde. Busco respuestas en pequeñas cartas de cartón para arropar los demonios que dejaste pero solo encuentro más ecos, ausencias y silencios. Pero aún así, fluyo, me dejó llevar por el torrente de emociones que me inundan. Y en ese fluir, me pierdo en la oscuridad, atravesando el túnel del dolor y la desesperación. Prendo una vela y dejo que su llama ilumine mi interior porque la respuesta está en este lugar.

Asfixia del ser

La muerte se cierne en cada suspiro, una sombra que estrangula la esperanza.  Pensamientos afilados laceran la mente, haciendo de la existencia una herida abierta. El aire se vuelve denso, irrespirable, mientras el pánico danza en mis entrañas. Cada latido es un recordatorio punzante de la fragilidad que me consume. Quisiera escapar de este abismo interno, donde la conciencia es un verdugo implacable. Pero la tristeza se adhiere a mis huesos, y la vida se desmorona en silencios rotos.

Visión putrefacta

El día pesa como un párpado cerrado, y en la piel se hunde la marea de un gesto quieto. Mis manos sostienen el rostro, pero el rostro no sostiene nada. Algo en mí se descascara en el aire, como un rezo mudo, como una grieta que nadie nombra. Soy la espera detenida en la pupila, la sombra que se acuesta en mis pestañas. No pregunto, no respondo, solo miro el vacío y él me devuelve la forma de mi propio exilio.

Danza

Entre el ojo humano y las miradas aduladoras de mente, pretendo correr sin mirar donde han quedado mis cenizas y sin escuchar sus subitas lenguas. Encontre la paz en un campo de tulipanes, sus pétalos olían a libertad y mi espíritu se expandió por todo el lugar. Siento tanta paz que aturde. Siento como mi corazón se abre y cierra, siento como la sangre late dentro de mi produciendo calambres en el espíritu. Mi alma baila con llamas extenuantes, se expanden hasta consumir lo impuro. Limpia toda sentencia de dolor permitiendo el descanso.