Quema el recuerdo, la nostalgia, las palabras no dichas. Quema el eco de lo que ya no es. Por la noche todo se vuelve más íntimo, más ahogador y latente. Parte de mi se fue, se alejo,mutó. No tuve remordimiento en soltar y dejar atrás tanta vulnerabilidad, inmensidad y dolor. La mente no calla, juzga este sentimiento en vez de permitir sentirlo. Lejana quiero estar de este plano, de este caos que no me permite respirar. Ya no encuentro el camino, solo sigo sin certeza alguna.
Los estímulos perturbaban mi mente, y los silencios se hacían ensordecedores, difíciles de esquivar. La nostalgia abandonó mi cuerpo, y el recuerdo de mí misma se desvaneció, dejando un mar abierto de posibilidades donde puedo ahondar en las profundidades álmicas. No hay rencor ni dolor que expresar; hoy sé partir en silencio, guardando palabras que ya no me apuñalan. Contemplo los atardeceres pintando el living de casa con rojos que arden y naranjas que se deshacen. Hoy habito los lugares con el corazón, y encuentro almas rotas que buscan sanar desde el amor. La soledad me abrazó, yo la abracé, y el tiempo se desvaneció.
El pasado late y humilla mis emociones sin procesar. El caos me lleva al abismo, obligándome a saltar sin pensar, cayendo en nebulosas hostiles y oscuras. Me hundo en el deseo de ser elegida, íntima, cuerda. Mi piel tiene cicatrices complejas que aterran a la niña que alguna vez fui. El amor corre salvajemente por todo mi espíritu y cuerpo humano. Absorta estoy del afuera intentando descifrar dónde está mi fractura almica.
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